Los proyectos revolucionarios de los ‘70 contra la superficialidad de los ‘90
¿Es justo castigar a los jóvenes de los ’90 como frívolos e
individualistas? ¿Es justo justificarlos diciendo que el miedo fue lo que los
paralizó? La historia habla y deja mucho por analizar, y el hecho de que en 20
años los ideales de los jóvenes hayan cambiado rotundamente no es algo que se
puede dejar pasar por alto.
La juventud de los años ’70 parecía tener las cosas más claras, y es que
la situación mundial y también nacional daba para eso. Sus preocupaciones
estaban ligadas al compromiso social, cultural y claramente político. Buscaban
cambiar esa sociedad desigual en la que vivían. Y ese fue su motor de lucha. No
se conformaban con poco, iban por más. Una de sus características principales
fue la voluntad. La voluntad de luchar por el cambio. Sus luchas individuales
iban de la mano y encontraban su eje en el ámbito de la colectividad. Nada
hubiesen podido hacer si no era porque agruparon sus ideales porque entendieron
que la lucha por el cambio se hace en conjunto. Ni siquiera el miedo logró
frenarlos. Ellos sabían muy bien que toda lucha deja abierta la posibilidad de
la muerte, pero justamente la muerte no era lo que les preocupaba. Sus
preocupaciones fueron más fuertes que cualquier miedo, y eso fue lo que justamente
los caracterizó y los diferenció de los jóvenes noventistas.
A diferencia de los revolucionarios de los ’70, los jóvenes noventistas se
criaron en un clima del terror. Una década después de la mayor dictadura del
país, los jóvenes tenían otras preocupaciones. Acaso, ¿quién iba a meterse en
política luego de conocer la cantidad de jóvenes desaparecidos años atrás? Tal
vez ésta justificación no es del todo válida, ya que si hay un objetivo por el
cuál luchar, no hay nada que detenga esa sed de revolución, de cambio. La
realidad de los ’90 era muy distinta a la que vivieron los jóvenes setentistas.
El mundo y la sociedad argentina se habían enfriado, y con ellos los ideales de
revolución. Éstos jóvenes se formaron en un mundo en el que reinaba el culto a
la belleza y el amor por el propio ser. Entonces, si vivieron en un mundo en el
que no importó más que el estar bien con su propio cuerpo (para dar así una
imagen “bella”) ¿por qué motivo iban éstos jóvenes al luchar? Sus prioridades
se ubicaron en torno a un mundo superficial, un mundo que no les ofrecía más que contenidos llenos de nada
y vacíos de todo.
Ahora, los jóvenes de ahora, ¿tienen porqué luchar? ¿Qué es lo que los
motiva a luchar? Si bien hoy en día muchos de los logros que la sociedad
naturalizó fueron gracias a la lucha de generaciones anteriores, todavía queda
mucho por luchar. La revolución nunca se detiene. Y la vida, lamentablemente,
siempre va a estar llena de injusticias por las que los jóvenes pueden luchar.
Ésta generación de jóvenes no está aún totalmente definida en su lucha, pero
promete mucho. Hoy en día el miedo no es lo que puede paralizar a los jóvenes,
sino el desgano. ¿Sirve de algo luchar? Claramente sí; el tema es que los
logros obtenidos anteriormente están tan naturalizados que la sociedad perdió
la memoria.
Los jóvenes actuales tienen una conciencia de lucha distinta a los
jóvenes noventistas. De a poco lograron recuperar la sed de lucha (aunque las
luchas hoy en día son distintas a las de los ’70 pero son igualmente válidas) y
de a poco se agrupan para conseguir lo que quieren. Ésos jóvenes conocen muy
bien la historia, y por ella es que luchan. Y aunque la juventud de hoy esté
ampliamente dividida, sí existen ésos que creen que todavía hay motivos para
cambiar la sociedad en la que viven. Sus ideales sociales y políticos nacieron
otra vez, y aunque no parezca, cada vez son más los disconformes con la sociedad
y los que piensan en luchar para cambiar.






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