miércoles, 29 de mayo de 2013

Los jóvenes y su eterna lucha

Los proyectos revolucionarios de los ‘70 contra la superficialidad de los ‘90


¿Es justo castigar a los jóvenes de los ’90 como frívolos e individualistas? ¿Es justo justificarlos diciendo que el miedo fue lo que los paralizó? La historia habla y deja mucho por analizar, y el hecho de que en 20 años los ideales de los jóvenes hayan cambiado rotundamente no es algo que se puede dejar pasar por alto.


La juventud de los años ’70 parecía tener las cosas más claras, y es que la situación mundial y también nacional daba para eso. Sus preocupaciones estaban ligadas al compromiso social, cultural y claramente político. Buscaban cambiar esa sociedad desigual en la que vivían. Y ese fue su motor de lucha. No se conformaban con poco, iban por más. Una de sus características principales fue la voluntad. La voluntad de luchar por el cambio. Sus luchas individuales iban de la mano y encontraban su eje en el ámbito de la colectividad. Nada hubiesen podido hacer si no era porque agruparon sus ideales porque entendieron que la lucha por el cambio se hace en conjunto. Ni siquiera el miedo logró frenarlos. Ellos sabían muy bien que toda lucha deja abierta la posibilidad de la muerte, pero justamente la muerte no era lo que les preocupaba. Sus preocupaciones fueron más fuertes que cualquier miedo, y eso fue lo que justamente los caracterizó y los diferenció de los jóvenes noventistas.




A diferencia de los revolucionarios de los ’70, los jóvenes noventistas se criaron en un clima del terror. Una década después de la mayor dictadura del país, los jóvenes tenían otras preocupaciones. Acaso, ¿quién iba a meterse en política luego de conocer la cantidad de jóvenes desaparecidos años atrás? Tal vez ésta justificación no es del todo válida, ya que si hay un objetivo por el cuál luchar, no hay nada que detenga esa sed de revolución, de cambio. La realidad de los ’90 era muy distinta a la que vivieron los jóvenes setentistas. El mundo y la sociedad argentina se habían enfriado, y con ellos los ideales de revolución. Éstos jóvenes se formaron en un mundo en el que reinaba el culto a la belleza y el amor por el propio ser. Entonces, si vivieron en un mundo en el que no importó más que el estar bien con su propio cuerpo (para dar así una imagen “bella”) ¿por qué motivo iban éstos jóvenes al luchar? Sus prioridades se ubicaron en torno a un mundo superficial, un mundo que no  les ofrecía más que contenidos llenos de nada y vacíos de todo.


Ahora, los jóvenes de ahora, ¿tienen porqué luchar? ¿Qué es lo que los motiva a luchar? Si bien hoy en día muchos de los logros que la sociedad naturalizó fueron gracias a la lucha de generaciones anteriores, todavía queda mucho por luchar. La revolución nunca se detiene. Y la vida, lamentablemente, siempre va a estar llena de injusticias por las que los jóvenes pueden luchar. Ésta generación de jóvenes no está aún totalmente definida en su lucha, pero promete mucho. Hoy en día el miedo no es lo que puede paralizar a los jóvenes, sino el desgano. ¿Sirve de algo luchar? Claramente sí; el tema es que los logros obtenidos anteriormente están tan naturalizados que la sociedad perdió la memoria.



Los jóvenes actuales tienen una conciencia de lucha distinta a los jóvenes noventistas. De a poco lograron recuperar la sed de lucha (aunque las luchas hoy en día son distintas a las de los ’70 pero son igualmente válidas) y de a poco se agrupan para conseguir lo que quieren. Ésos jóvenes conocen muy bien la historia, y por ella es que luchan. Y aunque la juventud de hoy esté ampliamente dividida, sí existen ésos que creen que todavía hay motivos para cambiar la sociedad en la que viven. Sus ideales sociales y políticos nacieron otra vez, y aunque no parezca, cada vez son más los disconformes con la sociedad y los que piensan en luchar para cambiar. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Mayormente en Mayo

El mes más protagonista del año


  El año 1968 llegaba a su mitad cuando en Francia estalló lo que se conoció más tarde como el “Mayo Francés”, una revolución que si bien se quedó a mitad de camino, logró cambios importantes en la sociedad francesa que repercutirían en el mundo y especialmente, en Argentina. El contexto histórico en el que el descontento colmó las calles parisinas jugó un papel importante en los reclamos de los actores de este movimiento.

  Estudiantes universitarios y trabajadores se unieron en pos de una causa común: querían un cambio. Un cambio en las instituciones universitarias, un cambio en la sociedad altamente capitalista y consumista, y un cambio en la posición del trabajador en el ámbito laboral. Cambios que toda sociedad del ’60 pretendía. Este cambio fue el que logró que el 17 de mayo de 1968 se paralizara Francia. Alrededor de 11 millones de franceses estuvieron de huelga durante casi dos semanas y lucharon por sus ideales y sus derechos.



"Nosotros somos el poder" 

"Rompamos con los viejos engranajes"

"Seamos realistas,pidamos lo imposible"


  A pesar de que el reclamo fue justo, esta huelga no llegó mucho más lejos. No logró una transformación radical en la sociedad francesa, pero si logró algunas modificaciones que sirvieron de iniciativa para movimientos posteriores. 

  Con un año de atraso el movimiento llegó a la Argentina. La situación estaba dada para que la revolución se gestara en el país y la provincia de Córdoba fue el lugar elegido. Una serie de medidas tomadas por el entonces presidente Onganía lograron que el descontento de los estudiantes universitarios se uniera con la marginación y el maltrato que sentían los trabajadores obreros.   Así fue que la huelga convocada por obreros de la industria automotriz contó con el apoyo de todo aquel que pedía por una sociedad mejorada, con más derechos sociales para los trabajadores y más libertad estudiantil.







  Si bien se puede decir que en Francia el Mayo no marcó un cambio notable en la sociedad; en la Argentina, ese Mayo inspiró a que los revolucionarios locales se atrevieran a luchar por sus causas que, tal vez antes, consideraban imposibles.