La ilógica
crítica a una ley que lucha por un país
con más voces
En el año
2009 el gobierno nacional presentó un proyecto de ley que, como tantos otros,
velaba por más igualdad social y principalmente, por multiplicidad de voces. Es
que desde hacía varios años, el país se regía por una ley de radiodifusión antidemocrática
que permitió la formación de multimedios en los que la gran cantidad de voces
se unieron (o las unieron) en una sola.
El
problema estuvo en que el pueblo ignoró por mucho tiempo (y lo siguen haciendo)
los antecedentes a esta ley. Por un lado entender que no fue un solo ex
presidente el que “vendió” el país, sino que ese ex presidente lo que en verdad
hizo fue “comprar” el país que le ofrecieron. La culpa, como siempre, es de
muchos. La culpa radica en que nunca el poder ejecutivo se encargó de la multiplicidad
de voces, o nunca le importó. Claramente un país de pensamiento homogéneo le
sirve a todos: al empresario dueño del multimedios porque controla todas las
voces desde distintos lugares, y al ejecutivo que tenga una relación amigable
con ese empresario.
Un
empresario que llegue a todos los ámbitos en los que el pueblo pueda generar su
opinión puede llegar a tener mucho más poder que hasta el propio gobernante de
turno. Y ahí es donde se encuentra el negocio. Porque de más está decir que
antes de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, poseer un medio de
comunicación podía llegar a ser muy rentable y el ejemplo concreto es el famoso
Grupo Clarín. Y esa es la razón por la cual hoy en día el ámbito de la
información está tan desvirtuado. Hoy se informa desde el lugar político y
económico que el dueño del multimedio posee. Entonces, ¿dónde quedó el
verdadero espíritu periodístico? ¿Qué motiva a los periodistas de hoy a
trabajar en grandes grupos de multimedios que les dicen sobre qué escribir,
cómo escribir y qué pensar? Puede ser que se esté generalizando y no todos sean
los que trabajan por intereses ajenos, pero sí es imposible de negar que los
empleados de ciertos grupos monopólicos deban de estar locos si no apoyan la
ley que regula la multiplicidad de voces. Es una ley que no busca hacer
desaparecer nada, al contrario, busca generar más medios, más realidades. Es
una ley necesaria para un país que se olvidó del verdadero espíritu del
periodismo: informar.
¿Acaso no
sirve que se escuchen las voces de los pueblos originarios? ¿Se cree que es
poco lo que tienen para decir? O los estudiantes universitarios… ¿No es hora
que dejen de pagar fortunas por espacios radiofónicos que deberían serles
otorgados de manera gratuita y directa? ¿Tampoco tendrán nada para decir? Es
hora de sacarse los protectores auditivos que vendieron los multimedios y
escuchar la cantidad de voces que están luchando por su espacio. Es hora de que
se ponga en marcha una ley que tiene como objetivo principal generar una
sociedad crítica. Tiene que cambiarse el eje de la cuestión, dejar de pensar en
el multimedio que puede desaparecer y pensar en las voces que pueden nacer. Porque
lo que hoy en día se ve, es una sociedad uniforme en opinión impuesta. La ley
está para cumplirse. Hay mucho por decir y muchas ganas de gritar. Hay una ley
que simboliza un cambio rotundo en la forma de informarse que tenga el pueblo.
Y el que dice que esta ley se realizó para perjudicar a un medio específico
claramente sigue encerrado en el pensamiento centrado en UN grupo, que no
representa a UN país entero.
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