El paso
de la noticia informativa a la noticia ficcializada
Con el fin de la guerra fría se cayó no sólo
un muro de piedra y una ideología política y societal, sino que también se
derrumbó la forma en la que ése y los hechos que le siguieron se iban a
relatar.
Junto con la globalización, los medios de
comunicación comenzaron a concentrarse en grandes monopolios informativos y
guiaban su ambición por el oscuro camino del capitalismo. Cada vez más los
intereses económicos fueron más importantes que la real tarea de un medio:
INFORMAR; y cada vez más la ideología se filtró por las palabras que describían
la noticia.
Así fue como el mercado de medios de
comunicación creció de manera contundente y generó una competencia cada vez
mayor. Esto requirió que los criterios a tener en cuenta a la hora de
seleccionar los acontecimientos que luego serían noticia, cambiaran
rotundamente y se concentraran en entretener al lector, más que en informarlo;
ya que ahora el público tenía más oferta a la hora de satisfacer su demanda de
actualidad.
La noticia comenzó a ficcionalizarse; es
decir; pasó a ser una construcción del propio medio con el fin de captar al
público y ganarle en las cifras a su competencia. Los hechos ahora son relatados de manera tal
que atraiga y entretenga al cada vez más exigente lector. ¿Por qué el lector va
a comprar un diario si puede leerlo por internet? Ahí es donde entra en juego
la creatividad y el ingenio del medio para conseguir que se venda su realidad.
Porque de eso se trata, de comprar la realidad que cada medio te vende. El
lector compra la realidad que desea conocer; porque si bien en la actualidad
los medios “informan” a la sociedad; primero construyen lo que quieren mostrar.
Esto no significa que la información que manejen sea falsa, sino que a partir
de esos datos que tienen en su poder, arman la noticia de manera que atraiga al
lector pero sin contradecir sus intereses políticos y sobretodo económicos.
El problema reside en la oposición que puede
encontrarse entre una línea editorial y otra. Muchas veces el lector encuentra
un abanico de realidades tan inmenso que lo lleva a la indecisión y tal vez a
la no variedad de los medios que consume. Así es como se forman los nuevos
monopolios, los de la masa ideologizada, la que se agrupa dependiendo del medio
que consume, o mejor dicho, que se agrupa bajo el ala de cierto empresario (sin
saberlo, por supuesto). Y ahí, es cuando la sociedad pierde su autonomía y se
convierte en un simple títere de la política y la economía.
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