Por Julieta Aguilera
Cuando uno piensa en qué diario leer se encuentra con
un gran abanico de posibilidades, pero siempre termina eligiendo el que mas o
menos concuerde con la propia ideología política. ¿Es correcto ese accionar por
parte de los lectores? Tal vez sería mejor que uno eligiera un diario porque el
periodista que escribe en tal sección “escribe lindo” o porque tal diario tiene
el suplemento “viajes”. Pero la realidad
no es esa. La sociedad en la que vivimos
nos ofrece la misma cantidad de realidades como diarios hay en el kiosco.
El hecho de
tener distintas verdades en todos los diarios del país es una situación un
tanto incómoda para los que estudiamos comunicación y nos imaginamos nuestro
futuro laboral. Pensar que en un futuro tal vez tengamos que vender nuestros
ideales por los intereses económicos del dueño del medio al que trabajamos es
una idea realmente triste. A nosotros nos enseñan la vocación de querer
informar a la gente, y eso es algo que no vemos del todo reflejado en los
medios actuales.
El ejemplo de
la lucha entre Clarín y Tiempo Argentino muestra de manera muy clara la
decadencia en la que se encuentra inmerso el periodismo actual. Los periodistas
pertenecientes a estos medios son los soldados de cada uno de los dueños de las
empresas. Luchan con empeño por intereses ajenos, por intereses que si cambian,
repercuten en sus trabajos. ¿En dónde les quedó la vocación periodística? ¿Los
periodistas de Clarín realmente creen que la Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual se incentivó para hacer desaparecer al medio? ¿Y los de Tiempo,
realmente sienten que estamos completamente bien como país y que no queda más
nada por hacer? ¿Cómo pueden haberse olvidado de lo que aprendieron cuando estudiaron
periodismo? A mi como futura periodista, me da un poco de vergüenza. Yo, que me
considero comunicóloga de alma, no puedo entender como es que llegaron a tal
extremismo. No se entiende como es que hacen para no ver, por ejemplo, que el
tener tantos medios centralizados y no permitir un flujo de información
“normal”, es correcto. No se entiende tampoco, como un profesional nato puede
haber vendido de tal manera sus conocimientos universitarios por un puesto de
trabajo en el “Gran Diario Argentino”. Tal vez esa afirmación sea un tanto “obvia” ya
que, pensándolo mejor, el ser humano tiene a cegarse por sentir un poco de
poder en sus manos, y debe ser que ser parte de Clarín se los brinda.
Ahora bien, si
el panorama informativo está corrompido de tal manera… ¿Por qué los lectores se
conforman con leer una u otra versión de la realidad en lugar de compararlas?
¿Por qué los “anti K” solo consumen Clarín? ¿Por qué “los K” solo leen Tiempo
Argentino? ¿Por qué la sociedad no le
demuestra a los dueños de los medios de comunicación que son capaces de decidir
qué y cómo pensar? Porque si bien puede que se este encasillando a la gente en
la idea de “sometimiento informacional”, los números de tiradas de Clarín no
disminuyeron de manera extraordinaria; y eso demuestra que la gente todavía
sigue comprando la realidad que les vende el grupo. Y no es específicamente que
“no hay otra cosa”, sino es que la gente cree en lo que Clarín les vende. Y no
está mal, porque lo que Clarín vende es verdad, pero es una verdad que está
cargada de la ideología de los dueños del diario, y eso es precisamente lo que
sí está mal. La ideología debe hacerla el propio individuo, no el medio que el
individuo consume. Los periodistas de
hoy son militantes de las ideologías de sus dueños. Hoy se pusieron la camiseta
del grupo al que pertenecen y se olvidaron de su verdadera función.
El panorama
actual es verdaderamente frustrante para los que todavía creemos en la vocación
periodística. Pero en verdad, las anteriores páginas no tuvieron como objeto
deprimir a los lectores ni asustarlos. Lo que en verdad se intentó desde este
humilde lugar es darles el empujón de salir a la vida y dudar de todo. Con la
duda uno aprende, y es así como se genera el conocimiento. Y un pueblo pensante
no puede ser dominado por ningún medio ni por ningún político. Esa es,
creo yo, la solución a la guerra
mediática en la que vivimos, y la solución a la no muy buena situación
política, económica, social y cultural que atraviesa el país hace ya varios
años. Es simple… “Es solo poder pensar”.
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